martes, 25 de octubre de 2011







el panda puede prescindir de casi todo:

la sombra del bambú los días de calima

el contacto con otras especies del animalario

las palabras amables

el silencio

las sonrisas que gotean ciertas noches

el sueño reparador, el sueño vacío, el sueño

podría prescindir de sus ojos

pero no puede

nunca

matar sus mitos


*

El panda es su pasado


nunca se reencuentra con él


*

marginal a morir

no entra por la puerta de salida

nunca mira hacia atrás


***

martes, 13 de septiembre de 2011

en el reino marginal...







a mi lado muere un león

vienen a despedirse los amigos

y la conciencia a tres kilómetros por hora


a mi lado calla una nube

la pareja juega con cerillos

mientras un listón frenético

es el único sonido de la noche


a mi lado reposa un volcán

mira cómo los perros deshacen un piano

y en esta ciudad es apenas posible creer

que hay hoteles con buenas historias:

donde una familia es un ejército hecho de azufre y burbujas.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El aviso oportuno es requisito del presupuesto mensual.







El marginal, como la hormiga,
trabaja para subsistir,
y al igual que ella tiene necesidades básicas:

Una comida diaria.
Un vaso de agua.
Un libro a la mano.
Una película sin clasificación.
La canción de la infancia.

Pero su corazón de cigarra,
no lo deja ahorrar más allá de un peso.

Cada viernes,
el panda toma una maleta
y se va por el camino largo
en busca de nuevos bambús.

Hemos vivido con menos,
se dice cuando sus bolsillos vacíos
contemplan sobre la tierra inexplorada,
el nuevo amenecer.






Para nosotros, cada día es como el viernes, y como los viernes todo está permitido...

*



no tenemos nada en contra de los que viven en domingo. O en jueves. O en miércoles.

*

jueves, 1 de septiembre de 2011

el panda no traiciona










¿Quién me obliga a una soga? 



Quieren ir más cerca de la nada.
La ruta de lo incompleto
y su voz martilla.
El asiento mohoso lejos del hogar
y las manos sometidas.

Se dicen "está bien",
no deseamos nombres.

Luego yace un corto circuito:
aquí las horas y los durmientes.

Ir sin el ánimo de la estampida
a poner una huella en documentos ilegibles,
a dejar mi rostro en listas con cianuro. 

No conocer a nadie. Sólo los números
que dirán "sí" a todas sus peticiones.


Sin embargo, yo quiero ir más cerca 
de los campos de trigo, pero en las indicaciones 
no estoy yo para dinamitar alambradas.

Matan gaviotas y taladran que la salvación
habita en el otro lado del puente.







viernes, 26 de agosto de 2011

martes, 16 de agosto de 2011













El panda, agazapado tiernamente en el bambú, medita sobre el odio. 




tan ancho el mundo


y vertical el bambú


¿por qué 


las flores podridas


las camas de los hospitales


los timbres mudos en invierno


los mosquitos anófeles


las risas de los niños malvados


el cansancio de los tristes


el insomnio de los grillos


las atenas erectas de la mantis satisfecha tras haber engullido a su amante


las húmedas manchas de la salamandra


los colores del camaleón


no se van de una buena vez a la estepa siberiana?


*


esa ostentación de superviviencia es ardid de los desesperados


*

sábado, 13 de agosto de 2011

Hubo un tiempo en que a los pandas les gustaba bajar del bambú y convivir con el resto del animalario.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Los pandas

Los pandas se dividen en blanco y negro, o en cabeza, tronco y extremidades. Tienen buenos morros, pero los ojos, pequeños. Les encantan las golosinas. A la escuela no quieren ir, pero una siestecita en los bambús —oiga, con mucho gusto. Cuando les queda poca miel se llevan las manos a la cabeza y están tan tristes, pero tan tristes, que ni sé. Los niños, que tanto quieren a los pandas, se lo darían todo, pero por el bosque anda el cazador y con su fusil apunta entre esos dos ojos pequeños.


(Adaptación del poema "Los osos" de Zbigniew Herbert.)

miércoles, 20 de julio de 2011

temblor







intento la escritura de estos versos 
que me enamoraron a los 15 años:

la luz de un revólver 
en una pinta callejera
y el miedo de los trenes

sólo que ahora regreso con la angustia de un equipaje
que no es mío y pidió llevarlo por todos los mapas
sin esfuerzo y con el corazón en blanco

regreso. un fantasma muerto de frío 
en el patio en penumbras de ese hogar 
que me abandonó a los 20 años

regreso. olvido un número telefónico
y camino por las calles para encontrar a los amigos:
llovizna detrás de los bares frecuentados
donde mi cuerpo a los 27 es un reo, 
un niño que sueña de rodillas en mitad del desierto